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MANIFIESTO DE VIGILANTES
DE LA MONTAÑA
NOSOTROS DEMANDAMOS:
Hartos. Estamos hartos de la impunidad de los gobernantes, de que esos reyezuelos nada más subiendo al trono tengan un fuero que les permite hacer y deshacer sin límite.
Estamos hartos de no poder revocarles el mandato, a pesar de ser testigos de sus atrocidades que van desde las que hace un Gober Pechocho hasta las que hace un Alcalde en su rancho cuando se vuelve peón del narco.
Estamos hartos de que los partidos políticos se enriquezcan y no rindan cuentas. Los ciudadanos de extremo a extremo de México expresan un descontento hoy sereno, pero que mañana se puede convertir en ira. Una ira santa, una ira inteligente que exija a los partidos que disminuyan su presupuesto, que dejen de actuar y pensar como cortesanos.
No son cortesanos, señores, queremos que el cuerpo legislativo disminuya, menos diputados, menos senadores. Que desaparezcan los diputados plurinominales, que representen al pueblo y no a sus propios intereses partidistas.
Más vale que escuchen el clamor, porque estamos hartos y ésta es una frecuencia vibratoria que comienza a recorrer México. Los principios de la Carta Magna fueron manipulados, usurpados. ¿Por qué y cuándo se dijo no a las candidaturas independientes, si supuestamente somos libres?; ¿por qué han manipulado nuestras garantías? Ahora necesitamos más que nunca libertad de expresión, para proponer no sólo un nuevo proyecto de nación, sino la restitución de nuestros derechos.
Queremos una democracia directa y participativa, en la que se pueda revocar el mandato a los estúpidos, a los corruptos, ¿o acaso tenemos que soportar a un tonto o, peor aún, a un criminal en el poder?; ¿por qué?; ¿sólo por una interpretación perversa de la Carta Magna que nos devuelve a un estado de manos amarradas.
No, señores, no, el ciudadano libre reclama esa libertad perdida, y la única forma de obtenerla es reestructurando la columna vertebral de este sistema seudodemocrático.
¿Idealismo? No, claro que no. Lo risible es que en este País de esclavos esto parezca idealismo. Claro, al esclavo, que no tiene nada, le parece mucho.
Llegará el día en que nos dé risa el hecho de creer que exigir la existencia de las figuras de plebiscito y referéndum haya sido demasiado pedir.
La consulta de propuestas a través de la votación de los ciudadanos, o bien, la expresión de la voluntad de la sociedad con respecto a algún asunto que nuestros representantes constitucionales sometan a consulta, no debe ser algo que se pida, se exige. El pedir que se rindan cuentas a los partidos, el quitarles el fuero a los que llegan al poder, también debe ser una exigencia.
Entre los teóricos se habla de dos formas de participación: la democracia directa y la democracia representativa. Aquí en México la representativa se pervirtió, porque no existieron los mecanismos para evitar que el poder se monopolizara. Creo que ambas formas pueden combinarse, lo importante es construir un modelo efectivo, que funcione, no tanto la teoría per se.
Disminuir o flexibilizar las estructuras de intermediación entre el pueblo y los gobernantes y no delegar absolutamente el poder implica una forma de gobierno más compleja, sí, pero más evolucionada. La experiencia histórica deja claro que los extremos poco flexibles funcionan mal.
Como dice Sartori, la definición etimológica de democracia “es el Gobierno o el poder del pueblo”. Pero pueblo, expresa realidades diversas.
La democracia de referéndum supone la existencia de un sistema mediante el cual se puede someter a consulta asuntos de relevancia. Esto no significa un extremo, significa una válvula para casos importantes, con lo que se evita la monopolización del poder. Porque esto último, es la causa número uno de la impunidad en México.
La tecnología cibernética actual hace posible que esto no sea tan imposible como algunos lo imaginan.
El voto es libre. Inducir a votar o no por un partido o por otro es eso: inducir, llevar, manipular. Manifestar las posibilidades libres que todos tenemos, entre ellas la de anular como protesta, siempre y cuando respetemos totalmente la libertad del otro y la diversidad de opinión, es abrir la puerta a un cambio de actitud, ingrediente básico para iniciar una transformación.
Paz Flores
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