LA VENTANA DE CAÍN
El NIÑO DE LA CALLE LOPEZ COTILLA(O ESCENARIOS QUE DENUNCIAN LA DERROTA DE UN SISTEMA)
Roberto Guillén
Me imagino que no solamente pasa en la bella Guadalajara. Supongo que hasta en el país más rico del planeta es posible decir: “Mucho look, y pocas nueces”
Por aquellos días de agosto, el centro de Guadalajara fue sitiado por un enjambre de bulldogs ataviados con su respectiva AK 47. ¿La razón?
Es que venía El Policía del Mundo ahora disfrazado con el yes we can de un afroamericano fashion. Y como tiburoncillos andaban las bicicletas que al ver mi sombrero panamá con la ruda barba de candado, intentaban el espanto policiaco al girar con sus rilas en torno a mi persona, de igual manera que un escualo hambriento en El Viejo y el Mar.
Pero como ya tengo la tatema curtida con este tipo de calambres, amén de mi natural histrión, optaron por buscarse otro posible sospechoso. Al día siguiente me levanté tempranito para buscar el periódico La Jornada, ya que me había lanzado a la torre de rectoría de la UdeG para manifestarme contra el golpe de estado en Honduras… con la concomitante tibieza de Mr. Yes we can.
Recuerdo que esa mañanita salí muy bañadito con mi pants de los pumas. Enfilé por 16 de septiembre y al llegar a la calle López Cotilla… ¡Oh!, cruda sorpresa matinal; pues que un chavito como de unos 9-10 años, dormía en la meritita esquina. Y los tapatíos apurados por llegar a su chamba, literalmente lo brincaban como si se tratara de un costal de papas.
Enfrentito del niño de López Cotilla estaba la costumbre de paleta. Al procurar su atención, percibí que su silbato con que desfogaba el tráfico, tenía más vida que él mismo.
Oficial, sería conveniente que viniera el DIF, o alguna otra autoridad para levantar al niño, ¿no cree?
Y que la costumbre de paleta le hace honor a su miseria.
Sí, claro, ya pasará alguien que lo recoja.
El timbre de sus palabras me sonó como un pétreo culatazo verbal. Por lo que preferí seguir mi camino rumbo al Sanborns, para comprar La Jornada, donde permanecí como unos 30 minutos. Al salir de la tienda, iban entrando otros empistolados con olor a ¿Qué, somos los perros del Poder. Porque ellos así lo quieren.
Pero la crudeza continuó al ver dos granaderas atestadas de bulldogs con su respectiva y espectacular AK 47.
Y al llegar a López Cotilla, el niño todavía seguía tirado.
Para compartir, enviar o imprimir este texto,pulse alguno de los siguientes iconos:
¿Desea dar su opinión?
|