CARTA DEL DIRECTOR DE EL NORTE AL GOBERNADOR
Reproducimos esta carta que está circulando en internet entre gente a la que le reconocemos alto grado de seriedad, por lo que hemos decidido hacerla extensiva a ustedes, nuestros lectores. Consideramos que el testimonio manifiesto en ella marcaría un claro parteaguas entre quienes emigran por necesidad, y quienes lo hacen por seguridad. Esperamos que esto no derive en el fenómeno histórico, que suponíamos ya superado, mismo que obligó a ciertas familias a vivir en el exilio, como nos ocurrió en épocas de guerra civil, la última hace cerca de cien años.
Septiembre 2008.
Estimado Nati,
Sé que te enteraste de que mi familia y yo
nos hemos cambiado de residencia a Texas.
Estaba en un dilema:
comprometer nuestra integridad editorial
o cambiar a la familia a un lugar seguro.
Los problemas de inseguridad
a eso nos orillaron.
Perdimos fé.
Y eso cuenta mucho en un país donde millones
la han perdido y han emigrado.
Yo aprendí de mi abuela, lo que era perder la fé.
Ella vio su pueblo natal, Ciudad Guerrero,
ser inundado por un enorme cuerpo de agua
para el cual el gobierno había construido
una gran presa, la Falcón.
Me platicó como la parte más dolorosa
de esa experiencia, no había sido ver
la inundación de su casa o de su iglesia,
o su relocalización a Río Bravo.
Lo más doloroso había sido, vivir la agonía
de su pueblo natal durante los años previos
a la construcción de la presa.
Cuando la noticia primero cundió,
toda mejora, toda reparación, se dejó de hacer.
¿Para qué pintar una casa que iba a estar
cubierta con agua?.
¿Para qué reparar un edificio,
cuando toda la villa iba a ser destruida?
¿Para que preocuparse de los baches o la basura
o arreglar el jardín o la puerta que rechina?
Semana tras semana, mes tras mes,
con la pérdida de fé el pueblo se convirtió
en una profecía que se auto cumple:
algo inhabitable.
Ahora que estoy en calidad de “refugiado”
y se me acerca gente para preguntarme
si ellos también deben hacer lo mismo…
que me piden consejo o un “raid” para ir a ver casas para su familia, he pensado en lo mucho que significa perder la fé.
No te escribo para reclamarte o para compartirte las incomodidades o vicisitudes de hacer
lo que estamos haciendo… o el dolor de ver nuestras casas deshabitadas, o a la abuela sola.
Te escribo para pedirte que evites
que a nuestro Monterrey se le inunde su espíritu y se convierta en otra Ciudad Guerrero.
A muchas familias les ahorrarías mucho dolor.
Con sinceridad y aprecio,
Alejandro Junco de la Vega
- Tomamos como base el correo que nos envió Andrés Meza, conocido consultor profesional de la opinión pública.
- Respetamos la redacción y ortografía del original.
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